Interludio – El cerebro de ella.

No sabe cómo ha llegado Momó aquí. Momó tiene las manos mojadas, a Momó le gusta tener las manos mojadas. A Momó le gusta tener las manos mojadas y los gatos dormidos pero no le gusta NADA el hielo. Lo dice en voz alta. Ahora mejor.

El tipo de delante de Momó habla y habla mientras no para de descomponerse, la gente se descompone cuando le habla a Momó. Su psiquiatra dice que no es eso, que Momó se lo imagina. Igual no es la psiquiatra sino la de la tienda de golosinas. A Momó no le gusta nada la de la tienda de golosinas. A Momó le gusta cómo la gente se descompone, cómo se le caen trozos de cara convertidos en un barro rojizo delante suyo. A veces hacen ruidos. Plopp plopp.

El gato que encontró Momó ayer lleva dormido demasiado tiempo. Momó quiere despertarlo. Momó irá al baño y le meterá en agua, eso lo despertará.

Hay una mujer sentada sobre la bañera del gato cuando abre la puerta del baño, ah, ya se va, Momó saca a Gatito de su bolsillo y empieza a bañarlo. Hay poco agua, tal vez apretándolo contra el fondo de la pequeña bañera consiga sumergirlo del todo.

Gatito cruje un poco pero acaba por entrar. Ahora no quiere salir. A Momó le parece bien esto. Tal vez quiera dormir un poco más. Gatito dormilón. Como el del pupitre de clase. A Momó le gusta ver cómo duermen los gatitos, pero no le gustan NADA los carritos de supermercado. Lo dice en voz alta. Ahora mejor. Momó irá a ver cómo se descompone el tipo de la mesa un rato más.

Cuando el pelo y la cara del tipo de la mesa están a punto de desaparecer alguien pone un pescado dormido sobre la mesa. Alguien lo ha quemado mientras dormía. Eso no está bien. Menos mal que Momó guardó su gaseosa en el bolsillo interior de su chaqueta. Es muy divertido despertar a animales con gaseosa en vez de con agua, porque las burbujas te hacen cosquillas en las manos, y a veces hace ruido, ffs ffs. Así que Momó empieza a hacerle primeros auxilios al pez. Ffs ffs.

El tipo sin cara que está sentado enfrente suyo ha puesto una mirada como la que puso la profesora la primera vez que Momó inauguró las Olimpiadas con la papelera . A Caprabo le gustan las Olimpiadas, igual que a Momó.  Lo que era una suerte porque al logo de Caprabo que a veces se le aparecía y le hablaba no le gustaba NADA que Momó la contradijese. Se enfadaba mucho y hacía que aquel ruido saliera de las cabezas de la gente.

Ni el baño ni el masaje cardíaco consiguen despertar al señor Pescado. Por un momento parece que quiere decir algo, pero vuelve a quedarse inmóvil. Pobre señor Pescado. Dentro de poco empezaría a oler raro. Momó lo pondrá en la puerta de la tienda de golosinas, eso le enseñará a la zorra de la dependienta.

El tipo sin cara ha dejado de hablar (comprensible, hasta los huesos de su cráneo se están convirtiendo en polvo) y a Momó le empieza a aburrir el saber que no va a descomponerse más ni a hacer más ruidos (plopp plopp, menudo concierto nos ha dado éste, señor Pescado). Momó irá a presentarle a señor Pescado a los niños del parque. Se ponen muy contentos cuando Momó hace eso, se van corriendo a contárselo a sus madres para que vayan a verlo. Pero Momó no es vanidosa, se va antes de que las madres puedan verlo. Momó no busca la fama fácil.

Parece que Momó ya está en la calle. A veces el cuerpo de Momó hace eso, piensa en ir a un sitio y de repente está allí, o en otra parte.  A Momó le gusta cuando pasa eso. Pero no le gusta NADA el logo de Vodafone. Lo dice en voz alta. Una pareja salta al lado suyo y se le queda mirando mientras la piel de sus narices cuelgan de su cara.  Ahora mejor.

~ por triames en Marzo 9, 2009.

Una respuesta to “Interludio – El cerebro de ella.”

  1. [...] Interludio  -  El cerebro de Momó. [...]

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