Levantando el país: mi primer curro

Sí, curré una vez, no me miren así. No, no me lo estoy inventando. Joder, cómo os odio.

Fue de camarero en una fiesta de, uh, legalidad alternativa. Lo cual no es muy interesante de por sí, pero las circunstancias que rodean al hecho se ajustan bastante a mis estándares de densidad como para merecer ser relatadas.

Los jefes: una simpática parejita de politoxicómanos que llevan una discoteca bastante conocida de por aquí y que decidieron montar un local un poco al margen de la, uh, legalidad burguesa, o algo así. Según la integrante femenina de la pareja, llevaban dos días sin dormir y se adivinaban múltiples síntomas de, al menos, anfeta y caballo en su cara, cuerpo, lenguaje y proceder. Sobre todo proceder.

El sitio: una planta entera de un edificio de oficinas, que, de hecho, era una oficina. Con sus docenas de sillas y mesas dejadas por el anterior propietario, sus mamparas para separar los cubículos, sus escritorios, en fin, una oficina. Sita en una calle de estas divertidas, con su casa de putas en un extremo y sus prostitutas megaobesas freelance que curraban en el otro extremo de la calle detrás de un coche (de estas vimos a tres mientras esperábamos en el portal a que el jefe encontrase la puerta (tres cuartos de hora). ¿He dicho ya que no había luz ni agua?

Los clientes: ¿qué pasa cuando metes en un teletransportador ADN de yonkis y de gafapastas y le das al ON? Gente bastante sedienta y con bastante horchata en las venas. Como nadie hacía nada y medioconocía a dos o tres que iban a estar de (electricistas, transportistas de neveras borrachos a eso de las cuatro de la mañana (lo juro), camareros y dejotas al mismo tiempo), pues dije, voy a echar una mano porque los yonkipastas no lo van a hacer y la parejita tóxica no para de correr de un lado a otro gritando cosas sin demasiado sentido y haciendo no se sabía muy bien qué (cualquiera que haya intentado limpiar u ordenar algo estando borracho sabe de lo que hablo: llevas cosas de un sitio a otro sin sentido ni lógica y acabas dejando todo peor de lo que estaba).

La entrevista de trabajo: ¿estás de coña? la cuarta vez que una tía vino directamente donde mí preguntándome si sabía dónde había alcohol, me puse detrás de la barra y empecé a poner copas (la gente suele pedirme estupefacientes esté donde esté, es un fenómeno que aún no he conseguido entender plenamente). Al rato vino alguien y me dijo lo que cobraría. Un rato después otra persona me dijo lo que tenía que cobrar por los cubatas. Eh, era mi primer día, yo qué sé.


Los comañeros de curro: un coleguilla punki, enorme, bastante tronao, que hacía de segurata en otro local era el electricista-fontanero que se encargaba del generador, de tirar cables aleatoriamente por todas partes y de sacar agua no me preguntes de dónde, en realidad ayudante de un personaje que pasó a ser uno de mis héroes por toda la eternidad: Cansino, un fontanero EXACTAMENTE IGUAL que Cansado, la otra mitad de Faemino, con su mismo bigote, mismo pelo, misma complexión y, lo que es mejor, su misma voz y forma de hablar. Solo que nadie le había escrito un guión, su vida era así. “Fuuaaaa maaaacho, estoy yo en mi casa viendo la tele tranquilamente con una biiiirra y me llama este, ooooye, que tengo un locaaaal que no tiene aaaagua, que abrimos esta noche, y yo, fuaaaa maaacho pero de qué vas hombreeee, ¿no te habrás esnifao (sic)?” Yo muriéndome de risa y sacándole cervezas cada 3 segundos. “Y yo, tioooo, que es la una de la mañanaaaa colegaaaaa, questoy viendo un documental de animales desos de la naturaleeeeza hombree, nojooodas, y me dice, macho, que hay tías y cachondeo y te invito a cervezas, y yo, pero me vas a pagar? y él, claaaro tio, y yo, joooeee, pue vale, pue voooy, Maru, que me voy, Maru es mi mujé“. Qué tío, qué arte. Cansino, ahí donde cojones quiera que estés, te quiero pero de la hostia.

El sueldo: pese a que tenía el cajón de una caja registradora al lado rebosante con la caja que habían hecho en otra discoteca (legal) esa misma noche (la cosa empezó sobre las cuatro de la mañana) y podía haber tangado lo que no está en los escritos dado que al día siguiente ninguno de los dueños/responsables de ese dinero iban a saber ni quién era yo ni si había un camarero o siete, me conformé con 12 euros la hora, y otros doce la hora en cubatas, durante calculo que tres o cuatro horas. La verdad es que solo con haber estado ahí me conformaba, fue una noche jodidamente delirante.

Este el tipo de cosas que se ponen en un currículum para impresionar al jefe de personal, y no chorradas como “amplia experiencia gestionando cosas ñiñiñi llevo gafas porque soy un empollón”. Bueno, al menos si tienes la mala suerte de que el jefe de personal, dios no lo quiera, se parezca un poco a mí.

~ por triames en Septiembre 19, 2008.

2 comentarios to “Levantando el país: mi primer curro”

  1. Para los días de resaca no hay nada mejor que un café decapitado.

  2. ^^

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